Pablo Iglesias y Rodríguez Zapatero mantienen una intensa reunión: se oía cantar a los grillos

>> Se trató de un acontecimiento planetario, dijeron fuentes próxima a ambos estadistas.

Pablo Iglesias y Rodríguez Zapatero mantienen una intensa reunión: se oía cantar a los grillos

ZP no pasa desapercibido. (flickr)

El vicepresidente segundón del Gobierno, Pablo Iglesias, y el expresidente intitulado artísticamente ZP mantuvieron el otro día una intensa reunión que comenzó por una alabanza mutua, la relación de virtudes que ambos ven en el sátrapa Nicolás Maduro, “ese gran amigo”, y en el recocimiento de que ellos mismos son personajes que pasarán a la historia por sus hechos. Luego se quedaron callados sin saber qué decirse y se escuchó cantar a los grillos que nadie sabía de dónde habían salido. “Es el ruido de sus cerebros trabajando”, dijo una señora de la limpieza.

De pronto Iglesias recordó que le llevaba un regalo a ZP, concretamente los textos políticos completos de Lenin y Stalin, “que ahora te traerán unos mozos de cuerda que me ha cedido Ábalos”. ZP dijo que le hubiese gustado más un Scalextric, pero que se lo agradecía igual. También elogió a Ábalos por su amistad con Delcy Rodríguez.

ZP ofreció un café a Iglesias quien lo aceptó con condiciones: “vale, pero que sea con gota”, dijo. “¿De coñac o anís?”, preguntó solícito el expresidente. “Me es lo mismo”, respondio Pablo. Luego hablaron de la II República: “estuvo bien”, dijo ZP; “muy bien”, refrendó Iglesias. Luego volvieron a canturrear los grillos.

“Bueno, ¿tendrás prisa? Muchas gracias por venir, Pablo. Esto lo tenemos que repetir con más frecuencia, eres un gran conversador”. “Desde luego, presidente” peloteó el líder de Podemos. “No te doy un abrazo por lo del Coronavirus y no por falta de ganas”, se despió ZP. “Como si me lo hubieses dado. El próximo día te regalaré un tren eléctrico, pero de energía renovable”, aseguró Iglesias.

La señora de la limpieza, mientras pasaba un paño con desinfectante por la sala en la que se mantuvo la reunión relataba: «estos dos juntan una neurona más que una vaca, que es lo que les permite, a diferencia del bovino, no obrar en público. ¡Ay, Señor…!»