Adoptar arte, una forma de invertir aprovechando la burricie del propietario

>> Los políticos contemporáneos han empezado retirando esculturas, luego quemarán libros.

Adoptar arte, una forma de invertir aprovechando la burricie del propietario

Isabel la Católica no cae bien en USA porque protegía a los indios. (wikimedia)

Estados Unidos, donde mejor se demuestra que el mundo está gobernado por lo más granado del gallinero humano, ha abierto el mercado de adopciones del arte, que con tan buen ojo han visto en la cuna de Isabel la Católica, Madrigal de las Altas Torres (Ávila). Aprovechando la burricie del gobernador del estado de California -antiguo territorio español-, Tony G. Atkins, han pedido la estatua de la reina que el norteamericano quiere retirar. Han empezado quitando arte de las calles, luego quemarán libros.

Seguramente a don Tony la reina española le recuerda a los nativos norteamericanos porque ella los protegió y les otorgó la condición de súbditos del reino, mientras los antepasados del gobernador exterminaba a la práctica totalidad de las tribus indias para quedarse con sus territorios y riquezas en una acción genocida que no se volvería a ver en el mundo hasta la llegada del nazismo y el comunismo.

El mundo, gracias a Dios, avanza por algunos genios y porque, de vez en cuando, se dan en el submundo de la política inteligencias como la de doña Isabel. La política, como se comprueba a lo largo de la historia, ha hecho prevalecer a tipos que se han dedicado a crear problemas en vez de resolverlos, y en eso está ese señor de California con nombre de ginebra barata, que ni sabe historia ni muestra el más mínimo interés por el arte, pero que entre sus cualidades se encuentra, seguramente, la de rebuznar con ímpetu, lo que ha convertido al asno en un nomble animal con cuyo nombre los hombres se descalifican.

Entre los que para probar su cultura se creen la leyenda de la camisa de la reina Isabel o que el almirante Cervera fue un general de Franco, el mundo avanza gracias a la profunda buena voluntad del hombre, que en democracia se ha empeñado en votar lo mismo que disfrutan las dictaduras progresistas: a los mejores imitadores del relincho del noble asno, lo que va parenciendo virtud cardinal para gobernar en estos inicios del siglo XXI.