Grande Marlaska, un ejemplo para la juventud y los historiadores progresistas

>> Lo que hace el ministro tan bien, fomenta la memoria

Grande Marlaska, un ejemplo para la juventud y los historiadores progresistas

Marlaska en compañía de otros troleros. (flickr)

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, es un gran ejemplo para la juventud que quiere vivir del momio público mediante su pertenencia a la oligarquía política nacional, así como para los historiadores progresistas y adúlteros en general. El ministro ha adquirido tal habilidad en deshacerse de las mentiras, sin duda influenciado por Pedro Trolas, que se puede afimar que es un hombre lleno de verdades, ya que cualquier falsedad la expulsa inmediatamente de sí a través de la expresión verbal.

Guardarse las mentiras dentro roe las entrañas y te va poniendo cara de agrio, como le ha pasado al también ministro Ábalos y a la señora de Pablo Iglesias, doña Irene. Sacar una mentira fuera de uno es socializarla, hacer partícipes a los demás y repartir así, entre ellos, el auditorio, la responsabilidad de mantenerla. Fabricar mentiras tiene un efecto muy beneficioso para la memoria, que es por lo que indicamos que es una práctica muy apropiada para los historiadores progresisitas y adúlteros. Como nos enseñó Alexandre Pope: “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera”, mientras que Twain recuerda que hay que tener buene memoria para no contradecirte en el futuro y que te pillen la engañifa, cosa que le pasa frecuentemente a Pedro Sánchez.

Marlaska no tiene hijos, pero si los hubiese tenido seguramente se habría puesto como ejemplo a seguir: “hijos míos -diría- sed tan íntegros y dignos como vuestro padre, que habrá metido la pata pero nunca con mala intención. Procurad mantener vuestro honor sin mácula y echad fuera de vuestro cuerpo las mentiras, gimnasia cuya práctica debéis seguir en mi ejemplo. Y por último, sed leales a la verdad y en ella poned vuestra fe y adoración, manteniéndola aislada de toda injerencia porque ya se sabe que hay gente con malas intenciones que, de conocerla, intentará utilizarla contra vosotros”.