Detienen a una mujer que llevaba un hueso de jamón que resultó ser el tabique nasal de su marido

>> Se proponía entrar en Gibraltar con el apéndice no se sabe con qué intenciones.

Detienen a una mujer que llevaba un hueso de jamón que resultó ser el tabique nasal de su marido

Este fue un asunto de narices. (flickr)

Agentes de Aduanas han detenido a una mujer que se dirigía a Gibraltar con lo que aparentemente parecía un hueso de jamón y resultó ser el tabique nasal de su cónyuge. Los agentes temían que el presunto hueso de pernil sirviese para hacer caldo que luego sería distribuido, debidamente envasado en cartón conocido como “tetrabrik”, en la península mediante métodos de contrabando similares a los que se utilizan para el tabaco y otras sustancias.

La detenida declaró que en realidad ella se dirigía a la colonia británica para hacer una visita turística, mientras que justificó la presencia del tabique nasal de su esposo como recuerdo sentimental y “porque no voy a dejar por ahí tirado algo que pertenece a la familia”.

En cuanto al modo de cómo se hizo con el hueso, dijo que fue resultado de un accidente doméstico. “Estaba yo preparando unas verduras para la cena y mi marido vino a la cocina y me dijo que él prefería unos huevos con patatas fritos; la verdad es que perdí los nervios y con el mazo de ablandar la carne le dí con tan mala suerte que le partí las narizotas que tiene. Como le salía el hueso de la piel, yo por mejorarlo me puse a empujar y al final se lo saqué entero, luego le cosí la herida y toda la nariz se le esparramó por la cara, que no se le vía ni los ojos. Así que me dije: vete unos días hasta que escampe el temporal, y aquí me tienen”.

Aduanas metió el hueso en hielo y tuvo intención de enviarlo a su propietario, pero supo antes que al hombre ya se le había intervenido injertando la ternilla de un animal indefinido y se le había reducido el volumen de carne y piel de la nariz por lo que, pese a seguir siendo poseedor de una napia considerable, estaba muy contento y no deseaba denunciar a su señora.

Finalmente la mujer fue puesta en libertad, visitó Gibraltar y compró un cartón de tabaco para obsequiar a su cónyuge. En cuanto al tabique nasal recibió sepultura en el cementerio de la Línea de la Concepción previo pago de las tasas municipales que la mujer abonó con el producto de otros cartones de tabaco que pasó ocultos en diversos lugares de su orondo cuerpazo.

Ahora en el hogar familiar, en las fiestas familiares se cuenta el asunto como una historia graciosa y alguien suele cantar, con la música de Luis de Aguilé, aunque no pegue: “cuando salí de la Línea dejé enterradas tus narizotas…”