Estrategias para salir en los periódicos y ser popular

Estrategias para salir en los periódicos y ser popular

Las prisiones no son lo que eran.

-Yo, sinceramente, lo que siempre he querido es salir en los periódicos, en la televisión…

-Para eso en España, aparte de ser delincuente, se puede optar por entrar en política o ser menesteroso.

-¡Hombre, yo menesteroso soy!

-Ya, pero me refiero a gente que no tiene oficio ni beneficio pero está dispuesta a hablar mal de los demás con palabras gruesas.

-Yo nunca he hablado mal de nadie. Eso me lo enseñó mi madre: “hijo -me explicó-, nunca digas de los demás cosas que no te gustaría que dijesen de tí ni asesines a nadie en fiesta de guardar”.

-Las madres tienen una gran voluntad, lo que no impide que los hijos salgamos como salimos.

-Yo a mi madre no la he faltado, en paz descanse, en nada de lo que me recomendó.

-Pero hace dos años mató usted a una persona, tercera en su palmares.

-Pero a ninguna le dí matarile en domingo o fiesta religiosa.

-Eso no es atenuante.

-Pero los jueces deberían haber observado que aunque sea un asesino poseo un fondo apreciable.

-Si preguntamos a los parientes de sus víctimas probablemente no piensen igual.

-Bueno, pero es que esos son parte interesada, no personas independientes y objetivas.

-La objetividad, si consideramos hipoteticamente que existe, se suele perder cuando alguien pone fin a la vida de su ser querido de forma violenta.

-Pero eso ocurre porque ya no hay creyentes. Nos tiene dicho Jesús que hay que amar al enemigo. Yo, de hecho, a los señores que maté no les tenía ninguna inquina, lo hice porque no se dejaban despojar de sus bienes materiales, lo que también, como usted sabrá, es una actitud poco cristiana. Hay que dar al que necesita. Y yo siempre he estado muy necesitado.

-Entre otras cosas porque, como acaba de decir, es usted un menesteroso, eufemismo de gandul. Igual si se hubiese buscado un trabajo honrado ahora no estaría aquí.

-Pues hubiese hecho mal, porque aquí se está estupendamente. Tengo mi habitación con cuarto de baño, tres comidas al día, gimnasio, piscina, biblioteca, cursos de formación…

-Lo describe usted como una agencia de viajes: parece esto un hotel de lujo en el Caribe.

-Ya sabe usted que para unos les vale un hotel de dos estrellas y otros lo necesitan de cinco. Hay quien come en un restaurante de batalla por unos euros y otros que se pueden permitir acudir a uno de esos de la estrella Miguelín.

-Michelín, querrá usted decir.

-Eso.

-Pero esto es, al fin y al cabo, una prisión en la que está usted pagando una factura que ha costado la vida y sus propiedades a tres personas…

-Y no sabe lo que se lo agradezco. Todas las noches tengo un recuerdo para ellos y les pido que me perdonen. Esto de pedir perdón y cuenta nueva se lleva mucho ahora entre nuestro colectivo.

-Tiene que ver algo con la hipocresía y la falta de arrepentimiento.

-Parece usted un cura en vez de un psicólogo. Pero me podría explicar por qué hay en la política europea algunos terroristas cobrando un sueldo público.

-Porque ya han cumplido sus sentencias.

-Sí, señor. Pero resulta que nosotros, los asesinos prosaicos somos peor tratados que los asesinos por razones políticas. Yo mismo, cuando salga de aquí ya con cierta edad no tendré la posibilidad de que me nombren concejal. No va a haber nadie a la puerta vitoreando mi nombre, ni otros políticos presuntamente honrados que me den la posibilidad de negociar con ellos para resolver mi vida, y la de mis tres hijos, gracias al presupuesto.

-Bueno, nunca se sabe.

-Sí se sabe. En este continente hay terroristas del IRA, de ETA, de Terra Lliure ejerciendo cargos políticos. ¿Usted ha visto que en Estados Unidos o en Alemania, un suponer, ocurre algo similar?

-Bueno, hay muchos paises en que algo similar no ha ocurrido porque nunca han tenido terroristas.

-¿Se refiere usted a Cuba, Corea del Norte, China?

-Pueden ser un ejemplo.

-Pero eso tiene una explicación muy sencilla.

-¿Cuál?

-Que en esos paises los que mandan son los que en otros serían terroristas.

-Total, que de lo que se trata es de que usted se salga con la suya: es usted un santo comparado con otros asesinos.

-Naturalmente. Yo nunca fastidiaré a mis contemporáneos sometiéndoles a mis decisiones en calidad de político.

-Pero eso no es porque dependa de su voluntad, según su propio razonamiento sobre los terroristas.

-¡Claro! Pero nadie me puede impedir que lo exhiba como una excelencia personal.

-No está mal. A eso se le llama ver la desgracia personal desde un punto de vista positivo.

-Desde luego. Y sobre todo en esta época en que hay dos condiciones que antes no existían.

-¿A qué se refiere?

-A que las prisiones son muy agradables de vivir y a que suprimieron el garrote vil.