Vota a Pedro Sánchez, imbécil -y su señora, doña Begoña-.

>> La facultad de Ciencias Políticas y Sociología imparte instrucciones para votar a uno del PSOE que nunca ha sido obrero.

Vota a Pedro Sánchez, imbécil -y su señora, doña Begoña-.

El día en que Pedro saque el 99% de los votos a favor, como Fidel, Tezanos será feliz. (wikipedia)

Quizá el lector de EL TROLEDIARIO por falta de tiempo, falta de interés o falta fuera de juego, no conozca la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Pues bien, si quieren ustedes conocer el ambiente de mugre, basura y comida para ratas, visiten ese centro educativo junto a la carretera de La Coruña, de la que nadie sabe por qué hay estudiantes y profesores dispuestos a vivir como en un campamento de quincalleros.

Es de ese mismo sitio donde el equipo de investigación de este jovial diario ha aprendido las cualidades que un progresista defensor del trabajador debe atender para votar a un individuo que nunca ha sido obrero, como por ejemplo Pablo Iglesias.

Una persona que haya sido un trabajador por cuenta ajena o incluso autónomo, debe tener en cuenta, cuando deposite su voto, que Pedro Sinsustancia no ha dado golpe a agua en toda su vida, que ya no es corta, y que si se le obligase ahora a buscarse esa vida, lo tendría muy obscuro, contado que su avales son una tesis doctoral copiada y que su cultura es confusa, quizá porque fue a un colegio de pago que le aprobaba por guapete y papá pagaba. Así que, por el amor -no de Dios- humanista, hay que atender al que lo necesita.

Otro dato que debe tener en cuenta el votante de izquierdas para no traicionarse a sí mismo, es que, independientemente de los datos, de los hechos, del sentido común, de la lógica y del respeto a los demás ciudadanos, cuando se deposita el voto hay que valorar si el trabajo que tiene uno, por lo general en la administración pública, se debe a que cuando se fue a solicitar o te presentaste a una oposición, casualmente, llevabas el carné de UGT pegado, con el sudorcillo, en la frente. Hay que ser agradecido.

Las condiciones de un buen progresista para sentirse inmerso en el movimiento ídem es que esté bien posicionado socialmente, o sea, que se cobre un sueldo, subvención o ayuda del presupuesto. Que el resto de ciudadanos que salen cada día a ganarse en la calle un sueldecillo sean apreciados en su justa medida: “tú no eres como yo”. Y ser partidario de subir los impuestos a ésos mismos, es decir, a los que las pasan canutas para comer.

Un progresista que se aprecie siempre estará por encima de los demás ciudadanos gracias a que han ganado su puesto como Pedro Sinsustancia, siendo un tipo lleno de verdades porque las mentiras las expulsa de su cuerpo, dando discursos públicos en los que demuestra una desigual cultura, y tomando decisiones para que los españoles no se enfrenten… con los extranjeros.

Un buen progresista debe votar al compañero Pedro, que cuando va a la ruedas de prensa que alguna vez da, ni saluda a los cutres periodistas que le llevan esperando un tiempo en su graciosa impuntualidad. Algunos capullos dicen que es un pijo, pero en realidad en un obrero de la palabra: tiene muchas.