Quinito Torra, el más macarra de España: no pasa un día sin pronunciar una amenaza gorda

>> Al parecer, ser presidente regional te permiten estos comportamientos de machote discotequero.

Quinito Torra, el más macarra de España: no pasa un día sin pronunciar una amenaza gorda

Torra con una elegante chaqueta que le debió hacer un sastre españolazo en venganza. (wikipedia)

Mientras Puigdemont se fotografía, muy sonriente, con un asesino, su lacayo en Barcleona, Quinito Torra, no deja pasar un día sin demostrar que es el tipo más macarra de España, contra la que no deja de pronunciar amenazas de calibre. O sea, gordas, para que lo entienda él y los chorbos y chorbas que le siguen.

Al parecer, ser presidente regional te otorga la posibilidad de que puedas amenazar con golpes de estado, desórdenes públicos, atentados al Estado y las personas que no opinan como tú gratuitamente. ¿Un ciudadano cualquiera, de Extremadura, un suponer, podría decir que el día que vea a Quinito Torra igual le suelta dos yoyas? Pues no. Eso sería una amenaza a la autoridad, y es un delito de cierta gravedad.

Es una de las ventajas de ser político en España, que te puedes comportar como el más macho de la discoteque y no sólo no logras el desprecio del personal, sino que además, amplios sectores sociales, generalmente integrados por individuos de altísima preparación, te consideran la repipa en materia política. Otra ventaja de la política nacional es que aunque seas tonto de nacimiento, si adquieres la condición de político pasas a ser considerado una autoridad en todo lo que ignoras.

La última de Torra es amenazar con convertir Barcelona en Hong Kong, aunque en la capital catalana nadie amenace con una ley de extradición a un país comunista. Bien visto, no estaría mal enviar a Torra y sus elegantes seguidores a China, que es muy grande e igual les daban un terruño para conformar una nación independiente, o sea, como hicieron en el Tibet.

Torra se manifiesta cada día como un golpista, traidor a su patria pese a estar a sueldo de ella, y como un reconcentrado nazi, y Pedro Sinsustancia Sánchez sonríe.