El undécimo mandamiento

El undécimo mandamiento

Moises de Miguel Ángel. (flickr)

Solo un buen amigo es capaz de comprender que su presencia puede llegar a molestarnos” Noel Clarasó, escritor y guionista de cine español

Dice la Historia alternativa a la oficial que los mandamientos que Dios le dio a Moisés eran 11, no 10 y que uno de ellos lo perdió en el camino de bajada del monte Sinaí. Moisés calló la perdida y bajó del monte Sinaí portando solo 10 mandamientos. Ese mandamiento perdido era uno de los más importantes- si no el que más – en cuanto a las relaciones interpersonales. Ese mandamiento era: NO MOLESTAR.

Los que somos amantes del silencio, de los momentos de paz y reflexión que nos permiten mirar dentro de sí mismo, de la alegría compartida entre las personas a las que amas y los amigos, de todos y cada uno de esos momentos en los que estás bien, a gusto y entonado leyendo, escuchando música o viendo la película de tu juventud que tanto deseabas recuperar; paseando en soledad y relajadamente, sabemos lo que significa la aparición de alguien que viene y te interrumpe esos momentos sin darse cuenta – o dándosela – de que molesta. Esa persona te rompe, te fracciona ese momento de tu vida.

Moisés debería haber buscado y rebuscado el undécimo mandamiento entre las rocas del Sinaí antes de bajar del monte. De ese modo hoy, NO MOLESTAR, figuraría entre los mandamientos como uno de los más importantes castigando como pecado mortal su incumplimiento. Los hombres y mujeres seríamos mucho más felices.

Todos conocemos a alguien que tiene la “virtud” de llegar en el momento en que más a gusto nos encontramos y, haciendo uso de esa mezcla letal de estupidez y mala uva, estropearnos el día. Existe una parte de la ciudadanía que se dedica fundamentalmente a joder al prójimo: los políticos que nos envenenan todos los días de nuestra vida con su manipulación, sus mentiras y su corrupción fétida; los del buenismo hipócrita, los ecologistas fake, las feministas más falsas que Judas, los “progres” que entienden el progreso en función de lo que se embolsan a costa de nuestros impuestos, los periodistas, analistas y tertulianos mamporreros del partido en el que militan, los ecologistas, los animalistas y otras especies terminadas en ista; así hasta un largo etc. que no cabría en este artículo. Todos ellos pecan mortalmente contra ese undécimo mandamiento que el torpe de Moisés perdió cuando bajaba el monte Sinaí. Ya podría haber perdido ese otro que es imposible de cumplir y que dice así: “no desearás la mujer de tu prójimo”.

Termino con una frase que leí en un bar de El Puerto de Santa María: “Hoy puede ser un día maravilloso; seguro que llega un h. de p. y lo estropea”.