Biografías apasionadas (V): De cómo Regis Acismundo llegó a ser presidente

Biografías apasionadas (V): De cómo Regis Acismundo llegó a ser presidente

(wikipedia)

Regis Acismundo era un tipo peculiar. Un día se comió media docena de bombones de licor y se cogió una cogorza que le dió por aporrear cierres metálicos, señales de tráfico y llamar “gordi” a toda señora o señorita con la que se cruzaba. Por eso acabó en Comisaría, donde se justificó: “de esto tiene la culpa el Chinchón”, dijo.

Nuca más volvió a probar el alcohol de quemar, por lo que hizo una persona circunspecta y respetada en su barrio. A esa relación social la dedicó mucho tiempo. Cada vez que asistía a una casa de lenocinio se trasladaba a más de cien kilómetros de su pueblo para que nadie pudiese decir que llueve sobre mojado o que en boca cerrada no entran moscas.

De aquella experiencia con las bebidas espiritosas le quedó la afición por los dulces, consecuencia de lo cual creó un vientre desarrollado, como otros van al guima­nsio a recrecer los músculos. Sin embargo, él comprendió que lo suyo no estaba bien visto y lo segundo sí, así que cuando comía pastelitos lo hacía paseando delante de la fachada de un centro deportivo.

Esa misma, el pasear antes instalaciones dedicadas al deporte, fue lo que le convirtió en aficionado a uno minoritario, el fútbol, que siempre veía en el sillón de su casa más solo que la una y comiendo rosquillas y acordándose, malencólicamente, de aquellos deliciosos bombones de licor. Fue entonces cuando le dio por el estudio.

Primero investigó las distintas formas de sentarse en el sillón ante el televisor sin que le doliese la rabadilla, y dedujo que la mejor forma es no estar tanto tiempo sentado en la misma postura. Después de cambair de posición en frecuentes ocasiones, concluyó que debía pasear, e inicio unos intensos itinerarios al frigorífico y al lavabo. Hasta que un día, se lió la manta a la cabeza y, en un gesto de arrojo, se echó a la calle. Y dedujo que el mejor sitio para hacer deporte era el bar de la esquina, donde además de asistir a intensas competiciones transmitidas por televisión, se hacían amigos y un señor muy servicial le traía lo que antes debía ir él en persona a busca al armario de frío o la despensa familiar.

Tras intensos trabajos, dedujo que aquello era más caro que cuando practiaba el mismo deporte en casa, si bien también era más agradable y menos trabajoso. Y en ese momento se le reveló el principio de economía en el trabajo, y que, por contra, exige mayor gasto de cartera. Se puso a reflejar por escrito sus teorías y las presentó como tesis que fue calificada con sebresaliente cum laude. Desde entonces, es presidente de su comunidad de vecinos.