La riqueza creativa y la desidia de la pobreza

La riqueza creativa y la desidia de la pobreza

(imagen Pixabay)

-Perdone que le interrumpa en sus pensamientos.

-Dígame.

-¿Fuma usted?

-Sí, señor.

-Pues hace usted mal. Es malo para la salud.

-Es la primera vez que me lo dicen.

-Es que hay mucha incultura por esos mundo.

-Pues mire, le voy hacer caso. Desde este momento he dejado de fumar.

-Eso es de una determinación admirable.

-Bueno, en mi caso es que soy pobre y no tengo dinero para comprar tabaco. De hecho solo fumo cuando me dan, como limosna, un cigarrito. A propósito, ¿no será usted fumador?

-Sí, señor. Ha tenido suerte por partida doble. Soy fumador y le voy a invitar a la colilla de este Montecristo cuando me lo termine.

-¿Qué generoso es usted?

-Los ricos somos así, gente desprendida. Ahí tiene usted a don Amancio Ortega, que ha regalado alta tecnología a los hospitales españoles.

-Usted también hace cosas tan benefactoras.

-Yo no. ¿Cómo piensa usted que haciendo esos dispendios puede seguir siendo uno rico?

-Como nunca he sido rico, no lo sé.

-Los ricos nos dejamos invitar, nos dejamos regalar, nos dejamos agasajar, y sin gastar más que lo necesario para ahorrar lo demás y dedicarlo al cuidado de nuestro cuerpo y espíritu. De otra manera no habría ricos y eso sería una catástrofe social. Nosotros debemos ser considerados un bien social apreciable.

-Alguien debe tener el dinero y gastarlo con cabeza.

-Eso es, pero también porque somos un ejemplo a seguir. Todo el mundo nos insulta. Dicen, mira ese tonto que suerte ha tenido, pero en el fundo quieren ser tan tontos como nosotros.

-Yo soy tan pobre que igual se me convirtiese en rico de la noche a la mañana me hacía un lío y me convertía en un despota.

-Sí, señor. Bien visto. Eso es lo que diferencia a los ricos de raza de los nuevos ricos. A los ricos que venimos de familia de los que se han hecho adinerados en un golpe de suerte.

-Igual se han hecho ricos trabajando y colocando su dinero inteligentemente en cosas productivas.

-¿Pero no le he dicho que los ricos somos tontos para el resto de la humanidad?

-Pues ya qusiera ser yo tan rico como usted y fumarme ese caliqueño de la punta a la colilla, y no solo lo último y chupado.

-Pues le advierto que yo conozco a muchos como usted que haciéndose el tonto han amasado fortunas.

-Es que yo aparte de pobre tengo pocas luces.

-¡Hombre de Dios, no se ha dado cuenta, pero reúne usted las condiciones exigidas para ser concejal!

-¿Y de qué podría ser yo concejal?

-De bienestar social, naturalmente. Aunque le aviso que si el ciclo económico es positivo, lo más rentable es ser concejal de urbanismo.

-¿Ve usted en lo que nos diferenciamos los pobres de los ricos? Usted tiene ideas para todo. Sabe argumentar, y a mí sólo me da por pensar en comer, fumar y beber alguna sustancia espiritosa de vez en cuando.

-¿No será usted uno de esos que se gasta lo que le da la gente en vino?

-No señor. A mí me hacen una prueba de alcohol y soy una nevada, doy por debajo de cero.

-Me alegro, porque no me gustan los borrachos callejeros.

-¿Usted bebe?

-Mucho. En los ricos es una obligación. Que si el aperitivo en Chicote, que si unas copitas después de la comida de negocios. A la hora de la merienda, un par de Pedro Jiménez, el vino de las comidas, de alta calidad, claro, y después de cenar otras copitas. Es ley de vida.

-Claro. En ustedes está bien visto. Y nunca le han pillado conduciendo un poquito pintón.

-Desde luego que sí, pero siempre damos cero. Quiero decir que Sebastián, mi chofer, sólo bebe en sus días libres y cuando le han hecho la prueba del alcohol mientras yo degustaba una copa de cava frío en el asiento de atrás de mi coche de alta gama, siempre ha dado cero.

-Ser rico abre muchas puertas y da posibilidad de hacerlo todo correctamente.

-Es lo que tiene el dinero, que no da la felicidad al que no lo tiene.

-Pero algún problema dará.

-Muchos, especialmente con Hacienda. Luego te tienes que levantarte tarde, para no parecer un obrero. Vestirte adecuadamente para cada momento. Decir tacos de vez en cuando para demostrar campechanía y que el dinero no te ha hecho un remilgado. Aguantar a las señoras estupendas que se te acercan, asistir a banquetes, hacer regalos que parezcan caros…

-Igual que me ha convencido de no fumar, ahora me está dando pistas para odiar ser rico.

-Y este banco en el que estamos sentados ¿es suyo?

-No señor, es propiedad municipal.

-Pues le voy a dar una idea para inciar el camino de su recuperación económica y social.

-Diga, diga.

-Okupelo usted, buen hombre. Y ponga un cartel que diga que vive aquí porque no tiene otro sitio.

-Ya, pero viene el guarda del parque y me echa.

-No señor, sólo le puede expulsar la orden de un juez. Y eso, probalemente no ocurrirá o pasará el tiempo suficiente para que usted negocie su salida por alguna mejora, quizá un pisito oficial, o una remuneración en metálico.

-¿Ve lo que le digo? Ustedes los ricos siempre tienen ideas productivas.

-Bueno, pues me tengo que marchar.

-¿Tirará usted la pava del puro?

-No señor, se lo doy a usted en la mano, que los ricos somos personas refinadas.