Dos mujeres libres con un mismo destino

Dos mujeres libres con un mismo destino

(pixabay)

-Buenos días. ¿El asiento está libre?

-Buenos días. De ocupante, efectivamente, pero sospecho que de otras sustancias no, según se colige del pestazo a establo que despide este autobús.

-Eso mismo he pensado yo al subir: este autobús es muy utilizado por hombres, me he dicho.

-Somos almas gemelas. Al entrar, el ambiente me ha recordado a los calcetines de mi difunto marido.

-Eres viuda. Lo siento.

-No. Es que le puse la maleta en la puerta.

-Efectivamente, somos almas gemelas. Tengo un niño.

-Yo tengo a mis padres, que me dan bastante la tabarra. Cosa de la edad, han vuelto a la adolescencia.

-¿Dicen tonterías?

-No. Vuelven a las tantas de la madrugada los fines de semana y un pelín pintones.

-¡Qué padres más divertidos!

-Si no fuese porque vivo en su casa…

-El caso es que me he tranquilizado cuando he hablado contigo. Por el pestazo he dudado un momento si me había equivocado y subía a un transporte para el mercado de ganado. Es que mi chico -el que tengo ahora- me dice que me adornan buenas mollitas y serían muy apreciadas en el mercado de carne.

-Los hombres, siempre ayudando a la autoestima de una.

-Yo me tomo mi pequeña venganza. Como tiene tres pares de narices, literalmente hablando, le llamó chatín, lo que parece que no le agrada mucho.

-Ni sentido del humor tienen.

-Pues hablando de mamíferos, he leído que casi el 60 por ciento de los que existían en el mundo han desaparecido… Con lo nerviosa que me pongo yo cuando sólo me queda el 40 por ciento de la batería del móvil.

-La gente se pregunta qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, pero lo que debería preocuparles es qué clase de hijos vamos a dejar al mundo.

-Como el mio salga a su padre, vamos mal. Se pasaba el día diciendo que había que hacer la revolución, y después de echar el discurso, que siempre era el mismo, se iba al bar a jugar al mus.

-Estar por ver que los jugadores de mus hagan una revolución.

-Lo que hacen es echar humo y beber chupitos.

-La vida a chupitos sería un bonito nombre para un libro de poemas.

-Ya he notado antes que eras una persona leida, por lo de la palabra colegio o así.

-Colegir, quieres decir, Es que yo fui a un colegio de monjas.

-¿Y no te maltrataron?

-Algún sopapo me dieron, pero es que, la verdad, yo era un poco insolente. Me viene de mi abuela materna, que tenía un carácter, tanto, que mi abuelo murió accidentalmente al tropezarse cuando estaba sacando agua del pozo.

-¿Se ahogó?

-No. Se partió la crisma con un objeto que nunca apareció.

-Los accidentes domésticos son los que más muerten causan. Sobre todo la bañera, que la ves ahí, en el cuarto de baño, tan limpita, siempre que no se haya bañado tu marido, e invitándote al relajamiento, y luego vas, zas, te resbalas…

-A mí ex le intenté ahogar yo en la bañera un día que me dio un pronto.

-¿Y qué pasó?

-Que no se dejó.

-¿Y ya está?

-Qué va. Dijo que me iba a ir a denunciar por malos tratos. Y tuve que explicárselo, porque el muchacho no tenía muchas luces. Memo, le dije, no comprendes que si vas a denunciarme pasarán dos cosas: primero, que se van a reir de tí, y segunda que igual duermes en el calabozo como sospechoso.

-¿Y qué hizo?

-Comerse la sopa y la tortilla francesa fría que le había preparado, y acostarse en el sofá, claro.

-Las mujeres es que tenemos mucho aguantado.

-Porque nos hemos empeñado en tener un hombre a nuestra vera, cuando le podíamos tener en el piso de al lado.

-Yo, la verdad, es que no echo de menos al mío. Lo que le regañaba a él se lo regaño ahora al niño.

-En mi caso, la exasperación me la produce mi padre. Como los hombres no entienden nada, él hizo su interpretación de las conversaciones que mi madre y yo mantenemos, en las que uno de los temas principales es lo poco que los hombres ayudan en casa. ¿Y qué me dirás qué pasó el otro día?

-Como si lo estuviese viendo: que tu padre se puso a ayudar.

-Le pillé fregando las cazuelas. Me puso de los nervios y le hablé mal.

-Luego dicen que no se nos comprende.

-El mundo funcionaría mucho mejor si los hombres dejasen de intervenir.

-Sí, pero ya ves, el número de mujeres con poder político es minoritario.

-Como es natural. ¿Qué clase de mujer quiere equipararse con lo más tonto de la sociedad?