Cuento de Navidad: El Hada Malaleche y el Fantasma del Consenso del Siglo Pasado

Cuento de Navidad: El Hada Malaleche y el Fantasma del Consenso del Siglo Pasado

Si piensas ir al cielo pasando por Madrid, igual doña Manolita te impone una multa. (wikimedia)

Érase una vez, en un lugar muy bonito del planeta donde vivían seres extraños que en vez de disfrutar de las condiciones que les había otorgado la naturaleza se dedicaban, en buen número, a hacer la vida imposible a las gentes humildes, que apareció un hada sorprendente. Iba sobre un monopatín, eléctrico, naturalmente, y en vez de una barita mágica llevaba una garrota de nudos. También, en honor a la verdad, hay que decir que no tenía un rostro amable.

-¿Quién eres?- la preguntó un niño.

-¿No me conoces? Pues salgo mucho en los periódicos, televisiones e Intenet. Soy el Hada Malalecha, aunque me llamo Manolita.

-¿Como la de la lotería?

-¡Como la de la leche que te han dado, niño impertinente. No te convierto ahora mismo en concejal porque hoy es jueves y prometí a mi querida madre que no haría maldades este día de la semana!

-Y mañana, ¿qué vas a hacer? -inquirió ingenuamente el niño.

-Mañana voy a prohibir que la gente circule en coches. Sólo permitiré que lo hagan en bicicletas, monopatines y taxis.

-¿Y en caballos, vas a dejar pasar a los caballos? A mí es que me gustan mucho.

-No, caballos no, que son como los parlamentarios: la cagan en cualquier sitio.

-Mi mamá dice que no se puede decir esa palabra.

-Tu mamá es una cursi.

Entonces, el niño se fue llorando, no porque supiese lo que significa la palabra cursi, sino porque el Hada Malaleche le dió con su estaca mágica un golpe en el trasero.

-Esta estaca mágina es magnífica, sirve para quitarte niños molestos de encima, para abrir nueces y algunas cabezas huecas -se dijo con satisfacción.

Al día siguiente las calles aparecieron desiertas de coches. De vez en cuando pasaba un taxi aullando: ¡libre, libre!, como si acabase de escapar de Cuba. También se veía algún autobús tosilento, quizá por ser híbrido. La calle principal se quejó a una bocacalle:

-Yo la verdad, es que estoy entristecida. Esto no es como antes, con tanto trajín. Ahora te pasan las bicicletas y monopatines, que sólo te hacen cosquillas. ¿No te parece, Leganitos? -le preguntó a la otra calle que se llamaba así.

-Ya ves -contestó.

Entonces pasó el Hada Malaleche a todo trapo con su monopatín, que frenó en secó cuando escuchó una voz que la llamaba: “¡Manolita, Manolita!”. Se volvió y vio al niño del día anterior.

-Este niño es un poco pesado -se dijo, para a contunación dirigirse a él.

-Mira mamá, esta es la señora que me dijo que tú eres una cursi por enseñarme que algunas palabras no se pueden decir por malsonantes.

-¿Te refieres a cagar? -preguntó el hada con mal talante.

-No, a parlamentarios.

-¡Niño, ni se te ocurra volver a decir esa palabra! -le reprendió la madre- Y menos decirla tres veces seguidas porque en ese caso aparecerá uno de ellos y nos hablará de “empoderar” a la mujer, “visibilizar” la situación, “vehiculizar” los sentimientos ciudadanos y atender a los “migrantes”. Es decir, la misma lata de todos los días.

-¿A ver? -dijo el hada- ¡Parlamentario, parlamentario, parlamentario…!

Y entonces apareció un señor con cara de sonriente suficiencia que los miró condescendientemente y dijo, de forma educada y escuchándose a sí mismo:

-Buenos días a todos y a todas.

-¿Quién diablos es usted? -preguntó el hada levantado preventivamente su estaca mágica.

-Queridos compañeros y compañeras, yo soy el Fantasma del Consenso del Siglo Pasado.

-Pues parece usted real -dijo el niño.

-Es que lo soy. Me llamo Perico, pero es que en mi pueblo me llaman fantasma.

-No me extraña -apuntó la madre del niño.

-Se me hace raro que no me conozcan ustedes, porque salgo mucho en los periódicos, televisiones e Internet, y además me entrevistan con frecuencia en la radio.

-Pues no me suena -dijo con segundas y un poco mosqueda y celosa Manolita.

-Pues a mí me suena mal -dijo la madre del niño.

-¿Nos podemos ir ya? -preguntó el muchacho.

-Niño, no seas impertinente -le regañó el fantasma-. Ahora no te puedes marchar porque voy hablar de la paridad en la política y la empresa privada, de la exigencia de unidad nacional o no, y de la subida del salario mínimo, sobre todo el de los servidores públicos como yo mismo.

-Y lo del consenso, ¿de qué te viene?

-De que yo soy muy partidario del diálogo, siempre que me den la razón, claro. Y también que no me importa decir una cosa y mañana su contraria en pos de la paz social y de que yo siempre tenga razón.

-Pues deberías hacer como yo, comprarte una estaca mágica para convencer a los extremistas que no quieren atender mis razonables argumentos.

-Y esta gran idea de suprimir el tráfico en el centro de la ciudad, ¿a qué genio se le ha ocurrido?

-A mí, modestia aparte -dijo ruborizada el Hada Malaleche.

-¡Qué gran acierto! Sólo los progresistas como nosotros somos capaces de llevar de la mano al ciudadano para que tenga comportamientos adecuados. Somos como madres con la palangana y la esponja detrás del niño cagón. ¿Qué sabrán ellos de lo que les conviene?

-La verdad es que hablas con inspiración de orador clásico.

En ese momento se acercaron varias personas. El que llevaba la voz cantante se encaró con el Hada Malaleche.

-Usted es la reponsable de que aquí no se pueda venir en coche. Pues le voy a decir una cosa, yo vendo bocadillos de jamón, mientras no se coman todos los chinos, y esta mañana he vendido tres, cuando lo normal es que lleve cerca de un centenar a estas horas. ¿A ver si me explico? Si yo no gano dinero por una medida limitadora, no voy a poder pagar ni a mis empleados ni los impuestos municipales, o sea, su sueldo de usted. ¿No sé si ha comprendido la ecuación?

-Ya está la extremaderecha poniendo pegas -dijo Manolita intentado explicar, con ejemplos higiénicos, medioambientales e imagenes de niños jugando a las bolas en las adoquinadas calles, su célebre medida.

-Yo por mi parte, debo decir con toda energía -aseguró el Fantasma del Consenso del Siglo Pasado- que estoy de acuerdo con… con la voz del pueblo. ¿Qué ocurrencia es esta de limitar la libre circulación de las personas en los medios tecnológicos que nos presta la vida moderna? ¿Por este camino mañana se nos pedirán salvoconductos para circular por el páis, como en las repúblicas democráticas populares?

Entonces fue cuando el Hada Malaleche partió su querida estaca mágica, es decir, el garrote de nuedos, en las costillas del Fantasma del Consenso del Siglo Pasado, que desde entonces se ha quedado un poco atolondrado y se dedica a vijar por todo el planeta en un avión oficial acompañado por su señora para hacer el ridículo acompañado en el universo mundo.

El niño, su madre y demás familia, sin embargo, pasaron una Navidad entrañable y llena de dulce cariño.