La paternidad obliga a innumerables sacrificios

La paternidad obliga a innumerables sacrificios

(foto pixabay)

-La verdad es que a mí no me gusta nada montar a caballo.

-Pues no se le nota a usted nada. Si no lo dice, nadie podría asegurarlo.

-¿Verdad? Es que soy una persona muy discreta.

-No se trata de eso.

-Entonces, ¿de qué?

-No se le nota nada porque va usted montado a caballo.

-¡Ah, sí! Ya no me acordaba, tiene uno tantas cosas en la cabeza.

-Sí, un bonito casco de equitación.

-Efectivamente, que impide ver mi hermoso flequillo.

-Todo tiene sus exigencias y renuncias.

-Ya, pero es que a mí no me gusta montar a caballo.

-Puede usted dejarlo cuando quiera.

-No, señor. Yo soy una persona constante y sacrificada. Hacer lo que a uno no le gusta otorga entereza y fortaleza de ánimo. El espíritu se engrandece y uno aprende a sacrificarse desde una voluntad recia.

-O sea, que es usted el hombre, por antonomasia.

-Veo que pese a su baja extracción, tiene usted inteligentes dotes deductivas.

-Oiga, que mis padres, aunque humildes, me dieron un digna educación tanto en casa como en los centros de enseñanza a los que me llevaron.

-Perdone, igual me he expresado mal. Lo de baja extracción lo decía porque usted no va a caballo, por lo que me pilla un poco bajo.

-El tacto no parece ser una de sus cualidades.

-Comprenda que voy a caballo, por lo que me siento un caballero que está hablando con un siervo o vasallo.

-A mí, sin embargo, me parece que estoy hablando con un caballo un poco burro.

-No se lo tome usted a mal, buen hombre. Un servidor de usted es un progresista que persigue la igualdad entre las personas.

-La igualdad, ¿por arriba o por abajo?

-Por arriba, naturalmente. Soy progresista liberal, como mi padre que era falangista de los de Franco.

-A mí también me gusta igularme por arriba, por eso tengo ese Porsche que ve usted ahí. Y a mí sí que me gusta montar en él.

-Lo que quería decirle es que usted y yo podríamos hablar en situación de igualdad si va usted a aquel edificio y alquila un caballo.

-También lo podríamos hacer si se baja usted de la cabalgadura o yo me subo yo a una piedra, un suponer.

-Comprenda usted que no me puedo bajar del caballo. Recuerde que le he dicho que estoy haciendo un esfuerzo de autocontrol.

-Pero para eso no es necesario faltar a nadie. Y para hacer cosas voluntariosas, podía usted ofrecerse a Cáritas y hacer algo útil mientras labra su fuerte personalidad.

-Oiga, que yo estoy haciendo aquí una labor colaborativa de esencial importancia para diversas personas que tienen las mismas necesidades que usted o yo.

-¿Tener caballo o un Porsche?

-No, señor. Algo más prosaico: comer y pagar las facturas.

-Las facturas son el problema de este siglo. Todo el mundo quiere cobrar y Hacienda ingresar el IVA, como un esclavista, a costa del trabajo de los demás.

-En época de mis abuelos no había impuestos ni facturas, sólo apretones de mano y la palabra dada.

-Es que entonces no existía el frigorífico. El frigorífico ha ocasionado muchos perjuicios a la sociedad porque una vez que sabes que puedes beber frío sin meter la bebida en el pozo sino en un armario, la cosa cambia, y la gente ya quiere tener calefacción, buenas casas y una despensa nutrida.

-¡A mí me lo va a decir usted! Mi hijo, que es el propietario de esta bonita industria de equitación, aunque ya es talludito, sigue comiendo como una lima. Además todos los años hay que comprarle tres trajes de vestir y otros tantos de equitación. ¡Una hucha!

-O sea, que es usted el padre del dueño.

-Humildemente me presento. Esto que ve usted lo creé yo con mucho esfuerzo…

-Una inversión importante.

-No me ha dejado terminar, quería decir con mucho esfuerzo de unos amiguetes míos que me pagaron los favores unos construyendo las caballerizas, otro el chalé social, otro el campo de competición… en fín.

-¡Qué buenos amigos tiene usted!

-Sí, todos, casualmente, eran ricos, aunque con la crisis…

-Bueno, pues yo, precisamente, venía a informarme de precios, porque quiero comprar un caballo a mi hija.

-Vaya, vaya a ese edificio. Ahí le informarán de todo e incluso le pueden vender un caballo muy parecido a este que yo cabalgo contra mi voluntad íntima.

-Buenos días.

-Buenos días… Hay que fastidiarse lo que tenemos que hacer los padres por los hijos, incluso montar a caballo y vender la cosa a gente de baja estofa.