El extraño caso del doctor Sánchez: rechaza leer su tesis doctoral

El extraño caso del doctor Sánchez: rechaza leer su tesis doctoral

En esta vetusta sala de plenos del Senado ha perdido la oportunidad de expresarse excátedra el doctor Sánchez. (wikipedia)

El caso del doctor Sánchez es impropio, raro, extraño. Cualquier doctor estaría encantado de haber sido invitado a leer su tesis ante los miembros de la Cámara Alta. Lo normal en un doctor es querer dar a conocer sus investigaciones, que se las publiquen y difundan, y que finalmente su nombre aparezca citado en otras publicaciones del asunto. Sin embargo, Sánchez no quiere ir al Senado para eso, igual para tomar un café o hablar de sus grandes gestiones gubenativas y proyectos, sí, pero para relatar el esfuerzo de años de investigación, no.

Cabe la posibilidad de que se trate de una modestia que el tertulianismo y analísmo periodístico no ha sabido ver. “No quiero ir, que me pongo colorado y me trabuco”, puede que haya dicho a su señora, doña Begoña. O puede que, de acuerdo con sun imagen y tumbao al andar, haya declarado que no quiere ir porque “no van a entender nada”. Desde luego lo que no ha dicho un señor con tan alta formación es que “no me da la gana y que se vayan a hacer puñetas”.

Pero hubiese sido bonito ver a Sánchez  sentado en la comisión, incluso en el pleno para que cupiesen todos los senadores e invitados, y haber leído toda la tesis de la primera a la última página, significando la página que iba leyendo y marcando los capítulos, para que los senadores y senadoras pudiesen tomar notas y comentarlas después. Un acto así de reluciente hubiese acabado en un debate en que los representantes del pueblo hubiesen pedido aclaraciones a los conceptos, a las pausas, la puntuación y la utilización gramatical de algunos términos como verbos, adjetivos…

Incluso hubiese dado mucho ambiente la realización de recesos para que el orador tomase algo para aclarar la voz y hacer comentarios rápidos y jugosos en la barra del ambigú parlamentario: “qué graciosa es esa cita de zutanito o menganito”; “no estoy de acuerdo con que ese párrafo de la ONU lo haya usted incluido en el capítulo tal, mejor hubiese estado en el cual”, todas, conversaciones que el doctor podría haber cerrado aconsejando, con tono circunspecto: “eso lo discutiremos después”. Y la lectura y consiguiente debate hubiese durado algunos días, con España pendiente del contenido de la tesis y la resolución del consiguiente sosegado debate.

De haber ocurrido así, habría supuesto un magnífico ejemplo al mundo, que sin duda resaltaría el alto nivel cultural e intelectual de sus clases dirigentes. “¡En el parlamento español han discutido una tesis electoral!”, comentarían con admiración en los foros internacionales, temblando sólo al pensar que a ellos se les plantease una situación similar. “Pues yo del tebeo no paso”, comentaría con gracejo ese diputado populista que ha sido elegido en todas las democracias por su campechanía.

En fin, los senadores, senadoras y senadoros se lo han perdido. Hoy sabrían algo más de la Diplomacia económica y tal.