Biografías apasionadas (II): Heteronoumio García, un hombre de su tiempo

Biografías apasionadas (II):  Heteronoumio García, un hombre de su tiempo

Los salones municipales de sesiones plenarias son sitios muy vacíos, sobre todo cuando asiste la corporación. (wikipedia)

Heteronoumio García y Sanchís vino al mundo en un hospital de la Seguridad Social donde se hizo célebre porque en vez de llorar cantó Los de Aragón. “¡Qué niño más raro!”, dijo la comadrona. “¡Qué niño tan pintoresco!”, dijo el ginecólogo. “¡Qué niño tan artístico!”, aseguró la auxiliar que solía a cudir a exposiciones pictóricas. Su padre, por su parte, explicó, con gesto de estar oliendo vinagre, que el muchacho había salido a la familia de la madre: “que son todos un poco gilipollas”.

Hete, que es como se le llamaba en la familia para abreviar, empezó su vida social con una característica que le acompañaría toda la vida, la de cobrar. En el colegio le pegaban los compañeros, en el instituto los mismos que en el colegio primario, cuando inició la carrera de Derecho, que no acabaría hasta 20 años después, le pegaban los de derechas y los de izquierdas, también compañeros. Hasta que un día se puso a pensar y se dijo, con firme actitud: “estoy hasta el hígado de cobrar en especie, voy a ver si esta experiencia me permite cobrar en billetes de curso legal”, y se hizo político.

Dadas sus condiciones artísticas enseguida cogió de qué iba el asunto, y se puso a hacer la pelota a todo el que identificaba con posibilidades de prosperar en el servicio público, que como se sabe es el que inspira a todo político español y extranjero. Por fin consiguió que le metiesen en una lista y acabó siendo concejal de Parques y Jardines de un pueblo de 367 habitantes que ni tenía parque ni jardines por una razonable circunstancia: el caserío estaba rodeado por todas partes de campo silvestre o cultivado. No obstante, plantó dos o tres árboles en el casco urbano y un rosal en la imagen de la Virgen que había en la plaza. Las plantaciones las realizó él mismo, porque el Ayuntamiento no tenía personal para tal fin ni ningún otro, fue entonces cuando se hizo notar.

El jefe provincial del partido se fijó en él. “Este muchacho tiene iniciativa”, se dijo. Y en la siguientes elecciones le presentaron como representante comarcal en la Diputación Provincial, resultando felizmente electo. Cuando llegó a la coporación, mostró ganas. Se paseaba entre despachos preguntando nerviosamente: “¿qué hay que hacer?”. Ya, un día, le pilló en un pasillo el presidente de la institución y se lo explicó claramente: “mira Hete, tranquilizate, vete a tu despacho, ves pasar los días y el último de cada mes recibirás un salario con algún complemento del grupo político que seguramente no te va a resultar despreciable. Luego, ya tendrás que visitar algún pueblo, especialmente en fiestas, donde debes decir las siguientes cosas, toma nota: primero, que la Diputación estamos para atenderos a los pueblos pequeños, si seguís decreciendo no es culpa nuestra, sino del último que estuvo al frente de la corporación provincial del partido contrario; en su defecto, cita a Franco. Segundo, si te plantean algún problema, debes decir que estudiarás si es de competencia provincial o de otras administraciones. En este caso, menciona las que no sean de nuestro partido, como señalando que son la causa del despoblamiento. Y tercero, si das un discurso, acaba dando vivas al pueblo y sus habitantes, por lo que antes de ir te debes informar sobre el gentilicio”.

Hete pasó unos años muy buenos. Acabó la carrera de Derecho y le aseguraron que si en algún momento debía salir de la política siempre tedría un puesto de profesor asociado en Derecho Romano en la Universidad regional. “Pero es que yo no tengo ni idea de Derecho Romano ni del Derecho en general”, dijo con angustia. Le contestaron que no se preocupase, “ningún romano se va a enterar”.

Al poco contrajo nupcias con una joven que por las mañanas tenía aspecto de guardia de la circulación y por las noches apreciables mollitas, causa por las que Hete tuvo dos hijos con el agente. Lamentablemente ningúno cantó Los de Aragón cuando nacieron, lloraron con una vulgaridad que entristeció a Hete. Se jubiló siendo ayudante del director general de una empresa pública dependiente del gobierno regional cuyo cometido no pudo descubrir en los doce años en que permaneció en ella. Ahora vive medio año en su pueblo y otro medio en el apartamento que se compró en Benidorm con el producto de su sacrificado trabajo y alguna hora extra echa por ahí, donde pasa su merecida jubilación con su señora el guardia, y la visita frecuente de sus hijos, nietos y nueras, lo que le permite comprobar que todos se parecen a la familia de su madre, en los términos que señaló su padre el día de su nacimiento.

Una encomiable y ejemplar vida de servicio público.