La mejor paella del Mundo no es valenciana, ni española, ni nada.

La mejor paella del Mundo no es valenciana, ni española, ni nada.

Esta paella no es la que ejecuta el chef Fredyy

La alta cocina ha traído consigo mezclas imposibles, reinvenciones de lo tradicional y alcanzando el absurdo gastronómico. Sin embargo, en esta época en la que todos nos hemos vuelto gourmet, en la que un restaurante londinense (Bubble Foods) ofrece la posibilidad de esnifar un espárrago deshidratado por 60 libras y en la que hay un restaurante en España, el Sublimotion, de don Paco Roncero, que cobra 1.650€ por menú, es gratificante ver que más allá del charco aún mantienen vivas las tradiciones gastronómicas más castizas.

Tiene que ser un sudamericano el que se remonte en el tiempo para brindarnos la versión más fidedigna de este plato de arroz. Una paella en condiciones que haría sonrojarse a los sucedáneos para guiris que se venden en primera línea de playa en Denia, Alicante o Benidorm. Hablamos como no, de la paella al estilo Fredy. Aquí podéis ver el video de casi 8 minutos sin censura de como ejecutar (nunca mejor dicho) una paella perfecta, con sus alcaparras y su pulpo, como dios manda.

Otro grande chef con estrella Michelin ya han tratado de ilustrarnos antes, como Gordon Ramsay (con sus 16 estrellas) que ya nos habían mostrado hasta que punto estamos equivocados en tierras hispánicas, con su paella “tradicional” de chorizo.

Y es que la sabiduría popular nos ha demostrado que hay muchas formas distintas de cocinar bien un plato. Lo que no se nos mencionan es que existen infinitas formas cocinar una basura tan deleznable que mezcle en la misma paellera hueso de jamón, aceitunas, alcaparras, chorizo, pulpo y arroz. El ser humano lleva desde tiempos inmemorables buscando distintas formas de tortura, y con la paella de don Fredy, por fin, hemos alcanzado la perfección.

Pd: el que suscribe este articulo esta dispuesto a jugarse el tipo y probar como sabe una paella donde durante 30 minutos se cuecen entremezcladas con el arroz, unas olivas y unas alcaparras tapadas con una bolsa de basura. Y seguro que usted, querido lector, tiene la misma curiosidad gastronómica que un servidor. La realidad siempre supera la ficción.