Hablando de forma distendida de Sócrates y otras filosofías

Hablando de forma distendida de Sócrates y otras filosofías

(wikipedia)

-Yo, aquí donde me tiene, antes no leía libros impresos en papel y ahora no leo libros en tabletas ni Intenet. Ya me entiende.

-O sea, que usted no lee.

-Tampoco hay que exagerar. Leo, pero poca cosa. Los titulares gordos de los periódicos que están hojeando otros, los anuncios y carteles de las calles y así… Me gusta mucho leer los prospectos de las medicinas porque no entiendo nada. Suelen decir que si te tomas el medicamento te puedes poner peor que de lo que se supone te va a curar.

-Eso es una de las grandes paradojas de este mundo contemporáneo.

-Lo que sí me gusta es pintar.

-¿Cuadros?

-No señor, la mona con las chicas de mi barrio.

-Bueno, eso le gusta a todo el que está en la edad, aunque usted me parece un poco excedido para ese retozar.

-No le entendido una palabra, como leo tan poco…

-Que es usted un poquito mayor para andar tonteando con las muchachas.

-La juventud es un tiempo estupendo para el hombre.

-Sí, pero sin gran mérito porque veinte años los tiene cualquiera, lo difícil es llegar a los noventa.

-A no ser que haya guerra. A las guerras van los jóvenes.

-La guerra, como solución de los problemas humanos, es como los medicamentos, tienen muchas contraindicaciones.

-O sea, ¿que la aspirina de la guerra es la paz?

-No, es la argumentación, la razonabilidad, la cordura…

-A esas no las conozco, pero mi amiga Paz, que está para mojar pan, para mí es como un antiácido.

-¿Y no conocerá usted a la Onu por un casual?

-No señor, pero tiene nombre como… de…. ¿golfilla? Escúcheme, ¿a que tiene sentido decir: voy a ver si me lo monto con la Onu?

-Todo el del mundo, nunca mejor dicho.

-Yo, para relacionarme, prefiero gente decente y culta, como usted mismo.

-Muchas gracias por el cumplido.

-Es que como leo poco procuro, para aprender algo, hablar con gente que sepa más que yo.

-Que será la mayoría.

-Oiga, para saber de la vida tampoco hacer falta ser muy leído y muy escribido.

-Quizá, pero mejor es intentar saber algo.

-Yo sé una cosa.

-¿Cuál?

-Que no sé nada. Lo que según creo dijo un señor que no escribió nada en su vida.

-Pues tiene usted razón. De Sócrates sabemos por…

-No se esfuerce usted en hablarme de gente importante porque no conozco. Es que leo muy poco.

-Le iba a hablar de Pla…

-Ese era catalán, ¿no?

-¡Hombre, pues a lo tonto a lo tonto parece que tiene usted más idea de la que avisa!

-Nada, no haga caso… una casualidad que no es delibes… delibes…

-¡Pero hombre!, ¿también conoce usted al autor vallisoletano?

-…deliberada, quería decir. ¿Es que hay un escritor que se llama así?

-No, señor. Es que le entendido otra cosa.

-Lo comprendo. Quien no lee no habla bien.

-Y hablando de Sócrates, ¿qué me dice usted de Jenofonte?

-Perdone, no le digo nada porque yo no frecuento discotecas. Aunque lea poco, soy una persona que sabe dónde está su sitio.

-Pues ya que hemos llegado a ese punto. ¿Podría usted decirme en qué puedo servirle conocidas ya su falta de aficiones?

-Pues me tomaría una cervecita y unas aceitunas machacadas.

-Se ha equivocado usted. Esto no es un bar, es la biblioteca pública.

-¡Aaah! ¡Ya decía yo que no se veía una botella y sin embargo mucho archivador y mucho libro! ¡Y además aquí no dan voces ni huele a gambas a la plancha! Pero tampoco me ha extrañado mucho. Me han dicho que hay librerías con cafetería incluida.

-Así es. La vida es mudable que decía…

-Lamento la equivocación.

-Pues en la puerta lo pone claramente: Biblioteca Municipal.

-Ya, pero como sabe usted, yo es que leo tan poco…