Don/doña Quijote o Quijotesca de la Mancha en lenguaje inclusivo

Don/doña Quijote o Quijotesca de la Mancha en lenguaje inclusivo

(pxhere)

Como anunció ayer este diario, procedemos a transcribir en lenguaje inclusivo los primeros párrafos de Don Quijote de la Mancha, que el machista Miguel de Cervantes escribió en género masculino. ¿Qué se podía esperar de uno que era militar? Atendemos así a las indicaciones de la vicepreisdenta del Gobierno, doña Carmen Calvo o Calva, que está que no vive con la cosa de la paridad. Esperamos con este gesto dos cosas: que la señora ministra duerma mejor, y que el Gobierno se sirva incluir a EL TROLEDIARIO entre los medios que reproducen la publicidad institucional. ¿No sé si me entiendes?

 

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo o hidalga de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín o yegua flaco o flaca y galgo o galga corredor o corredora. Una olla de algo más vaca o toro que carnero u oveja, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino o pichona de añadidura los domingos, consumían las tres partes de la hacienda. El resto della o dello concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos o pantuflas de lo mesmo o mesma, y los días de entresemana se honraba con vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama o mayordomo que pasaba de los cuarenta, y una sobrina o sobrino que no llegaba a los veinte, y un mozo o moza de campo y plaza, que así ensillaba el rocín o yegua como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo o hidalga con los cincuenta años; era de complexión recia o recio, seco o seca de carnes, enjuto o enjuta de rostro, gran madrugador o madrugadora y amigo o amiga de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quijado, o Quesada o Quesado, que en esto hay alguna diferencia en los autores o autoras que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quejada o Quejado. Pero esto importa poco a nuestro cuento o cuenta; basta que en la narración dél no se salga un punto o punta de la verdad.

Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo o hidalga, los ratos que estaba ocioso u ociosa -que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda…

 

La dirección de EL TROLEDIARIO considera que con el ejemplo precedente queda sobradamente indicado el camino del lenguaje inclusivo. El lector avisado sólo deberá seguir la lectura del gran texto de Cervantes imitando la muestra y de este modo adquirir las habilidades necesarias para la debida utilización del lenguaje políticamente correcto. Un servicio que EL TROLEDIARIO presta, nuevamente, de forma gratuita.