La fuerza del sino

Álvaro se encontraba enfrascado con los últimos informes del Consejo de Administración que le había pasado su secretaria en sobre cerrado y que le habían pillado totalmente a contrapié, no se esperaba esta mañana tal cúmulo de trabajo, el caso es que había llegado a la oficina pensando que la jornada iba a ser un tanto leve y que le permitiría deambular por los distintos departamentos no tanto por hacer una vigilancia somera del personal y su aplicación en las tareas que cada cual tenía encomendadas, sino que además le gustaba “chascarrillear” un poco y hacer algún que otro comentario jocoso, amén de lanzar algunas lisonjas al joven elemento femenino en un tono muy moderado, eso sí, que levantaba cantarinas risas entre éstas y contribuía a que se trabajase, al menos por un corto intervalo de tiempo con una cierta relajación, lo cual venía bastante bien habida cuenta de la presión laboral a que estaba sometido la mayoría de los trabajadores de la empresa.

Álvaro había sido un “latin lover” en su pasado de soltería pero desde que se había casado con Martita, la hija del director y principal accionista de la empresa, no se le conocían desvaríos ni actos que pudiesen suponer la menor infidelidad con su mujer, asistía de su brazo a las fiestas y celebraciones de la alta sociedad y ella exhibía orgullosa un especímen masculino que era la envidia de todas sus amistades. Álvaro se había ganado así un buen puesto en el empresa de su suegro en la que tras un período de adaptación, le habían nominado con el suculento cargo de jefe de personal o más bien de recursos humanos como se califica hoy día al encargado de dicho puesto.

Pero esta mañana la tarea que le habían pasado no le iba a permitir hacer su cotidiano recorrido por las dependencias de la empresa para estimular así la tarea del personal a su cargo y sobre todo del personal femenino que le esperaba con verdadera fruicción y durante el corto período que duraba su visita, quedaban un tanto embobadas ante la presencia o el comentario que les hiciera su atractivo jefe. El Consejo de Administración que presidía su bienamado padre político, había decidido en sesión del día anterior, hacer una severa remodelación de personal lo cual conllevaba, dado los tiempos de crisis que corrían, un ajuste de plantilla que incluía, cómo no, el despido de unos cuantos empleados y la asunción por parte de los “supervivientes” de las tareas que dejarían de ejercer estos despedidos.

Esto no era en absoluto del agrado de Álvaro porque suponía en enfrentamiento con prácticamente toda la plantilla, a unos por tener que comunicarles la infausta medida y a otros por lo que les iba a suponer de aumento de trabajo habida cuenta que ahora mismo, en la actualidad, dicho trabajo no era presisamente somero ya que soportaban una carga ya de por sí bastante exigente. A pesar de ello, hasta ahora, la tarea de Álvaro había sido bastante llevadera y con muy pocos sobresaltos lo que contribuía a que sus funciones hubiesen sido asumidas con cierta relajación y contento en el trabajo de desempeñaba.

En estas estaba, absorto totalmente en la realidad que le esperaba y en decidir cómo encajar las piezas del nuevo puzzle que ya le amenazaba cuando abriéndose la puerta de su despacho sin previa llamada, aparece la cabeza de su amigo Pedro que ajeno a la situación por la que estaba atravesando su buen compañero y con tono desenfadado le manifiesta:

-Vamos Alvarito, qué te ocurre hoy, que mira que hora es y aparte de no haberte visto el pelo en toda la mañana nos ha llegado la hora de ir a comer y ahí te tengo, enfrascado en no sé qué y sin llevarnos nada a la boca. Es que hoy no tienes tu tradicional “gusa” que a estas horas todos los días dices que te encuentras totalmente desfallecido.

– Perdona chico pero hoy creo que no voy a poder ni probar bocado porque el asunto que tengo entre manos aparte de haberme quitado el apetito, requiere de mi una total atención y me tiene obnubilado. No sé si voy a poder ir al restaurante precisamente por esta cuestiones que te apunto. Necesito tiempo y recapacitar para afrontar este hecho.

-¿Tan grave es, Alvarito?, ya me estás asustando, para que tú dejes de comer ya tiene que ser importante el asunto.

– Lo es, Pedro y no sé por donde meterle mano, estoy en cierto modo bloqueado, no veo una solución medianamente factible.

-Mira, compañero, vamos a hacer una cosa, como soy consciente que el desplazamiento al restaurante y la comida, de habitual nos lleva bastante tiempo, tiempo del que tú y yo disponemos otros días y hoy parece que no, vamos a bajar los dos al Mercadona que tenemos ahí abajo, sí no me mires con esa cara de sorpresa, al super de Mercadona y nos vamos a comprar un par de unas cosas precocinadas, que están buenísimas, créeme, algunas veces me las compra mi mujer y me relamo, después subimos aquí nuevamente, vamos a la sala de las máquinas del café que usan los empleados y por si no lo sabes hay un microondas en el que algunos calientan su comida que se traen de casa, luego nos metemos en tu despacho o en el mío y me cuentas todas tus tribulaciones y entre los dos malo ha de ser que no resolvamos el asunto que tienes entre manos, en plazas más difíciles hemos toreado tú y yo.

Pedro es con mucho, el mejor amigo y compañero de Álvaro, juntos desde la Universidad no se han separado apenas, hicieron la carrera a la vez, corrieron las mil y una aventuras de jovenzuelos en las que Pedro las más de las veces recogía los frutos amatorios que su amigo Álvaro conseguía con mucho mejor planta que él y con mayor preponderancia entre el sexo femenino aunque con menor picardía lo que hacía que uno se aprovechase de las dotes físicas del otro para llevarse el gato al agua.

Al terminar la carrera, Pedro encontró trabajo inmediatamente en la sección de informática y en la empresa en la que hoy sigue trabajando. Álvaro sin embargo estuvo dando tumbos por diversas empresas hasta que su amigo le consiguió un puesto en la misma que ya trabajaba el primero. Y desde allí ya su carrera ha sido fulgurante, el desencadenante fue conocer a la hija del director, Martita, en una fiesta de empresa a la que acudió con su padre y allí mismo surgió el flechazo y esta vez sí que Álvaro no dejó a su amigo el mínimo resquicio para que hubiese sido Pedro el elegido por Martita. Un corto noviazgo y una boda por todo lo alto apremiada por la novia que quería amarrar la presa cuanto antes y la designación del flamante marido para las más altas cotas en la dirección de la empresa, vamos un braguetazo en toda su extensión.

Al final la propuesta de Pedro cuajó y allá van los dos escudriñando entre los productos del super hasta que dieron con el alimento recomendado que les habría de servir de almuerzo en ese día, algo inédito pues ambos visitaban todos los días un restaurante de cierto nivel donde degustaban menús de buenas exquisiteces, privilegio de jefes de gran empresa.

Tras escoger su almuerzo de ese día, pasaron por caja donde una atenta cajera les cobró a la vez que les deseó un feliz día.

Una vez en el despacho de Jefe de Recursos Humanos y tras haber calentado su comida en el microondas de uso del personal, se disponían a hincar el diente a su almuerzo, se desata Álvaro comentando a su amigo:

– ¿A que no sabes quién era la cajera que nos ha cobrado en el super?

– Pues no tengo la menor idea, la verdad es que apenas me he fijado en ella, no sé porqué será pero a mi todas las cajeras me parecen iguales.

– Pero qué cenutrio eres, nada más que le hubieses mirado a los ojos la habrías conocido, era Aurora, Aurorita la de la pandilla de nuestros tiempos con los que íbamos a bailar y a bañarnos y a las fiestas que costaban poco dinero, ya sabes cómo andábamos entonces.

– ¡Bueno, qué me dices, pero si aunque yo no me he fijado mucho como te he dicho, así al botepronto me ha parecido una señora mayor y más bien tirando a gorda!

– Pues cuarentona, como nosotros y sí es verdad que se le ha disparado un tanto la figura, es una pena porque tenía un buen tipo, ahora que los ojos siguen siendo los mismos, tenía una mirada que te traspasaba y te fundía y una risa muy cantarina pero me ha dado la sensación de ver un fondo de tristeza en su expresión.

-Tú estuviste flirteando con ella un tiempo ¿no?, bueno la verdad es que en aquellos tiempos saltábamos de una amor a otro con facilidad y supongo que no dejaría en ti el menor rastro, aunque veo que te has fijado más de lo que va más allá de un transacción de cobro instantáneo. ¡Por qué no le has dicho nada!.

-Lo cierto es que no me he atrevido, esa chica fue de las que más honda impresión hizo en mi pero tenía problemas con su familia. Su madre estaba enferma y tenía que asumir el cuidado y la atención de ella por lo que siempre tenía que acudir a su casa muy temprano, justo cuando a nosotros más nos apetecía andar de jarana y eso hizo que nos fuésemos distanciando poco a poco. Creo que incluso le influyó en que no pudiese terminar su carrera y por eso es posible que tenga que andar con este humilde empleo de cajera. La vida es a veces injusta porque ella valía y ya vés.

– Bueno, bueno, para el carro que veo te estás poniendo blandito, a ver si esta “aventura” va a servir para que te pongas nostálgico y según me has contado tienes una encima que precisa toda tu atención amén de la que te pueda prestar yo, así que vamos al toro.

– Tienes razón, no está el horno para bollos y además, lo pasado, pasado, venga vamos a ver si me ayudas con este marrón que me ha caído y que va a suponer un trauma para algunos de nuestros empleados. Esto va a ser muy duro para mi pues como sabes siempre he procurado mantener una relación casi afectuosa para todos ellos y ahora me toca el papel del malo de la película.

– Me estás asustando, Alberto, aunque ya han corrido rumores por ahí, ya sabes que las malas noticias se expanden como la mala hierba pero me he comprometido contigo y quiero ayudarte y compartir este trago, al fin y al cabo si se hace lo que se rumorea, también me va a afectar a mi y a mi departamento.

-Así es Pedro, a ti no voy a ocultarte nada a estas alturas, al fin y al cabo parece ser que tú estabas más al tanto de los rumores que yo mismo, que me han pillado in albis, nadie me había comentado nada aunque hubiese sido “sotto voce” no se habrán atrevido y el ladino de mi ” papaíto político” se lo ha tenido bien guardado ni aún en la última comida familiar fue incapaz de soltar lo más mínimo.Ya sabes lo del marido cornudo que es el último en enterarse.

-Pues nada Álvaro, vamos a ello porque a la postre, no deja de ser algo que forma parte del mundo empresarial y laboral de nuestros tiempos y aunque nuestro trabajadores estén bien remunerados no dejan de estar sometidos a esta precariedad laboral signo y formas de nuestros tiempos.

El resto de la jornada fue de trabajo intenso y de búsqueda de fórmulas que hiciesen en lo posible una aplicación del mandato con el menor daño posible a los trabajadores que habrían de ser despedidos y a los que siguiesen formando parte de la plantilla que tendrían que asumir un plus de trabajo para compensar la disminución del conjunto de personal.

A pesar de haber trabajado hasta altas horas de la noche, a la mañana siguiente aún estaba por terminarse el ajuste necesario. Llegada la hora del almuerzo, Álvaro comenta a su amigo que podrían hacer lo mismo que el día anterior, es decir, volver al súper a adquirir los mismos alimentos del día anterior y así volver a ganar el tiempo que habitualmente les llevaba el almuerzo en tiempos normales.

– Pero no te preocupes, Pedro, puedo bajar yo solo y traer lo de los dos mientras tú te das una vuelta por tu departamento que no has acudido en toda la mañana por estar aquí metido en mi despacho, ayudándome en lo que puedes.

-¡Uy, uy, uy!, querido Álvaro, para mí que lo que quieres es volver a ver a tu antigua admiradora, porque no me vayas a decir que no estaba loca por ti, lo que pasa es que como tú mismo dices, no se prodigaba mucho y se fue distanciando, o más bien la fuimos distanciando.

-Quizás tienes razón, es cierto que esa chica me hacía algo de tilín pero la vorágine de vida en que nos subimos tú y yo hizo que poco a poco se me fuese olvidando, pero no te creas que siempre ha habido un rincón en mi en la que ha estado ella. Si te soy sincero es verdad que hay algo de morbo en querer volver a verla, algo que me empuja con fuerza a asomarme a sus ojos que siempre me atrajeron, pero bueno, como comprenderás esto ya no va a pasar de hoy mismo me reencontraré brevemente con el pasado y a otra cosa, además ni siquiera podré hablar con ella porque ya sabes qué ritmo llevan las cajeras, no les queda tiempo ni para saludar. ¡ea! en un momento estoy de vuelta que no está el horno para reminiscencias.

Y tras una sonora carcajada salió a cumplir su misión.

Pasado un buen rato que a Pedro le resultó un tanto excesivo, apareció su amigo con el encargo, con una sonrisa en la cara y aún antes de que éste dijese nada, se le adelantó Álvaro diciéndole,

– Vamos gandul, no te estés ahí parado que no tenemos toda la mañana, vamos a calentar esto al microondas y a comer que nos quedamucha tarea.

– Pero tendrás morro, encima que tardas más de la cuenta, vienes aquí con ínfulas, a ver retrátate y cuenta que algo habrás parlado a juzgar por el tiempo que has tardado y no creo que hayas estado tanto tiempo en la cola de la caja. ¿Has hablado con ella?

– Pues sí, lo cierto es que hoy he podido hablar un poco con ella pero a cuenta de ir detrás como un penitente por las estanterías del súper reponiendo artículos que era la tarea que tenía encomendada. Me ha dicho que ayer nos reconoció al instante pero que no se atrevió a decirnos nada aunque ella estaba perfectamente informada de nuestro trabajo y de la vida que llevamos, ya sabes que las mujeres tienen una especial habilidad para enterarse de todas esas cosas que atañen a las personas que a ellas les interesa. Además me ha contado que nos veía pasar juntos algunas veces a través de los cristales de su trabajo. Como ves estábamos controlados. Y antes que me preguntes te voy a comunicar que mañana hemos quedado para tomar un café en los veinte minutos que ella tiene libre para hablar y contarnos algo más de nuestras vidas.

-¡Tú estás loco! ¿Pero sabes qué estás haciendo… ? ¿Es que no te das cuenta de lo que te estás jugando si sigues por este camino? No te entiendo, Álvaro, cómo es posible que con lo que has conseguido te lo juegues ahora a un caballo perdedor con esa mujer que no tiene un chavo, supongo, con un trabajo bastante modesto y además con un tipo más bien de gorda culona, perdona pero es así y no me hables de ojos que no creo que eso vaya a ser todo el encanto que encuentres. Vámos a ver, tienes una mujer envidiable, guapa, con un tipo de modelo, rica, que te ha proporcionado un trabajo y una posición económica por encima de casi todos los demás mortales y tú estás tonteando con una mindundi, venga Álvaro, vuelve al mundo que te corresponde y deja ya de tontear que si se entera tu suegro o tu mujer lo vas a pasar mal.

– ¡Para, para!, que solo me voy a tomar un café con ella, te estás poniendo en una situación como si ya estuviese todo consumado. Aunque ya que sacas a relucir algunas cosas te diré que Aurora será todo lo que tú dices pero siempre fue profunda en sus razonamientos, muy equilibrada y de conversación amena y si me apuras con tintes de intelectualidad. Mi mujer, Martita, no aguantaría la mínima comparación con ella, tú sabes lo simple que es, incapaz de seguir una conversación elemental. Y en cuanto a su tipo, es cierto, tiene figura de modelo pero es a lo único que se dedica en todo el santo día, gimnasio, masajistas, piscina climatizada, tenis en el club, le faltan horas en el día…

– Alvarito, Alvarito, que te veo y no te veo, espero fehacientemente que esto sea solo un café y nada más. Apelo a tu inteligencia para que la emplees en tu trabajo que bastante tienes por delante y olvida por una vez tu sex-appeal que aquellos tiempos ya pasaron, además te has preguntado el daño que puedes hacer a esta chica si le provocas alguna ilusión para luego dejarla tirada por segunda vez en su vida.

Epílogo

Ha pasado un año desde que estos avatares ocuparon la vida de Álvaro, un año en el que los acontecimientos se han disparado vertiginosamente y que han dado un vuelco radical a su situación económica, familiar y sentimental. Aurora y Álvaro ahora viven juntos, ella continúa en su puesto de cajera en el supermercado y él se esfuerza y pone el máximo interés en su nuevo puesto de reponedor en el mismo establecimiento que su compañera pero manifiesta que es completamente feliz, sus compañeros dicen que con sus mimbres, seguro llegará a encargado.

De vez en cuando ve pasar a través de los cristales a su antiguo amigo Pedro a la hora del almuerzo camino del restaurante… pero ya las cosas no son como eran.