EL TEATRO BURLESQUE (Trilogía) III.- Nuevas peripecias de Abundio-José Manso

Mi afición por el teatro de siempre, ha sido impenitente ya se ha visto en mi relato anterior cómo ésta me llevó a la situación en que me encuentro y a pesar de ello continúo visitando las tablas con cierta asiduidad y aún más a ofrecer algunas actuaciones en mi nueva etapa de artista callejero actuando en eventos benéficos o de relleno en funciones escolares y de aficionados.

Pues he aquí que a raíz de esto surge una nueva historia en mi vida tan llena de incidencias y de avatares que bien llenarían un libro de anecdotario o de misceláneas cotidianas.

En una de éstas llegó al teatro una pequeña compañía de aficionados que venían de la capital a representar una obra de Arthur Miller el día que yo ofrecía una pequeña parodia de mi especialidad.

El marchamo de la capitalidad o capitalino de los actuantes y el nombre de tan excelso autor, hizo que los locales estuviésemos un tanto expectantes a pesar de que como digo no eran más que unos discretos aficionados.

Pues miren por donde entre los miembros de la susodicha compañía, uno de los que portaba un papel importante en la obra y entre bastidores se dirigió directamente a mí diciéndome:

-Hombre Abundio-José ya casi no te conocía y menos con ese disfraz que llevas puesto, quién iba a decir que nos íbamos a encontrar en un sitio como este, no te daba yo como actor a ti también.

– Pues yo no es que casi no te conozca, le replico, es que creo que no te conozco de nada, poniendo cara de póker, a no ser que la caracterización que lleves para representar la obra que vas a hacer, me impida reconocerte.

– Bueno Abundio-José no me tomes el pelo que no voy caracterizado de nada, a ver si te he reconocido yo a ti que vas de Charlot y tu no lo haces conmigo que voy tal cual soy. También es verdad que tú siempre tuviste desde pequeño un tanto de pinta de Chaplin con lo que tu caracterización no es más que una continuación de tu personalidad.

– A ver si te crees que tú porque vayas a representar Vidas Rebeldes, te pareces a Montgomery Clift.

– ¡Ay, que gracioso te has vuelto, Abundio-José con lo soso que eras de pequeño!, te voy a recordar de qué nos conocemos porque veo que tú ni flores, tienes una memoria de pájaro. ¿Recuerdas de pequeño que ibas a pasar los veranos al pueblo de tu abuelo?

– Si perfectamente, no me digas que tú también veraneabas en Bienpartida del Cerro.

– Pues claro Piesplanitos, recuerdas que así te llamábamos toda la pandilla de chicos que nos juntábamos en el verano

– Bueno, eso es verdad porque a mi abuelo le llamaban el tío Piesplanos debido a una malformación plantar que hacía que tuviera que andar levantando los pies más de lo normal. Pero, oye, ¿y tú quién eres o quién eras entonces que tan bien conoces estos detalles?, la verdad es que yo no caigo a pesar que estoy haciendo esfuerzos para ubicarte.

– Ay melón, no te acuerdas de Genaro…, Genarito, que también vivía en los veranos con mis abuelos, Apolonio y Restituta que tenían la casa al lado de las eras.

– Ah, ya, el tío Pelocabra con lo que a ti te llamábamos Pelocabrín, recuerdo que cuando tú siempre presumías de ser el más fuerte entonces te llamábamos por el aumentativo y a tí te llevaban los demonios

– Bueno, bueno, cosas de críos, y dime qué es de tu vida, a qué te dedicas, ¿te has casado, tienes hijos…?

– Por partes, los trabajos no me fueron muy bien, después de rodar de uno en otro al final monté un negocio que con la crisis se vino abajo y ahora vivo de lo que ves, hago parodias de Charlot en la calle, en las ferias, en las fiestas para niños, en los colegios, etc y así voy tirando, gracias a mi mujer que heredó algo de patrimonio y algunas perrillas y con eso y con lo mío mantenemos una existencia más o menos digna. Por cierto, a lo mejor te acuerdas de ella porque era de pueblo, ¡ah!, y no tenemos hijos.

– Pues dime, dime quién es a ver si recuerdo.

– Si, hombre, te acuerdas de una niña que siempre iba con una trenza enrrollada en la cabeza a modo de moño y que vivia en el caserón que nosotros llamábamos la casa de los embrujados misterios.

– Pues claro, la hija de Bartolomé Olmos, de los riquillos del pueblo, tenían una buena parte de las tierras del entorno y se dedicaban también a negociar con el ganado. Buen braguetazo pegaste Piesplanitos, aunque creo que era un tanto feúcha !no!. ¡Huy! perdona, supongo que con el tiempo habrá mejorado.

– Bueno, algo…El caso es que al final de la vida del padre tuvieron que vender algunas fincas y parte del ganado porque se metió en negocios que no entendía y le engañaron, menos mal que entre mi suegra y mi mujer consiguieron salvar algo del peculio familiar.

– Y cómo te ha ido con ella, tenía algo de embrujada o de misteriosa tal como imaginábamos a todos los de esa casa.

– Pues ni lo uno ni lo otro más bien un poco pacata y meapilas debido a una educación férrea de padres y abuelos, pero bueno poco a poco se ha ido abriendo aunque no creas que es para tirar cohetes, todavía cambia de canal en la tele cuando sale alguna escena escabrosa o de tono subido.

– O sea que de aquí… poco ( a la vez que movía su puño de izquierda a derecha)

– Si quitamos ciertas fechas del santoral, la cuaresma y Semana Santa, los aniversarios de los difuntos, etc, bueno, algún día queda… A todo esto no sé porqué te ando contando yo tanto de mi vida y tú aún no has soltado ni prenda de tu existencia.

– Pues mira tienes razón pero estoy viendo que me queda muy poco tiempo para salir a escena y tengo que repasar con mis compañeros algunas cosas de la obra. Si te parece quedamos para después de finalizar la función y cenamos juntos y hablamos de todo lo humano y lo divino de nuestras vidas.

– Un poco difícil me lo pones porque ya he quedado con Matilde que me iría enseguida y ella me ha prometido una cena especial y como comprenderás no es cuestión de dejar a una mujer desairada después de haberse empantanado en la cocina, ella además guisa muy bien. Pero bueno, pienso que podría llamarla y decirle que ponga un plato más y te vienes a cenar con nosotros, ¿qué te parece?

– Un poco embarazoso para mí, qué va a decir tu mujer que así de buenas a primeras y después de los años sin saber los unos de otros, me presente en su casa con toda mi cara, pero en fin como supongo que lo dices de corazón, acepto a resultas, eso sí, que a Matilde no le parezca mal esta intromisión.

– No se hable más, ahora mismo la llamo y le cuento todo y que vaya preparando todo para cenar los tres.

– Bien, te dejo y al final del espectáculo quedamos y me dices que te ha dicho Matilde y si no le parece mal este intempestivo cambio en sus planes, ¡agur!

Y efectivamente, a Matilde no le gustó un pelo porque aparte de cambiar sus planes de velada (era su cumpleaños aunque yo no se lo había dicho al aparecido Jonás que así se llamaba en realidad Pelocabrín), me comentó que de muchacho, en el pueblo, era un tanto malencarado y que soltaba algunas malsonancias a las chicas, incluído a ella misma, pero bueno por una vez no iba a pasar nada, lo aceptaría

Tras terminar la función teatral y una vez recogidos nuestros ropajes de actuación, nos encaminamos hacia mi casa comentando sin parar las peripecias y las trastadas que armábamos en el pueblo en nuestra niñez.

Matilde recibió al invitado con educación y con la típica hospitalidad habitual en la gente que se ha educado en un pueblo y que ella había recibido de su madre y de su abuela pero no obstante yo la notaba un cierto gesto de desagrado que era imperceptible para nuestro invitado. La cena fue un completo éxito, Jonás no hacía sino alabar las artes culinarias de Matilde diciéndole que hacía mucho, pero mucho tiempo que no comía tan bien destacando la fina elaboración de los alimentos. Esto contribuyó en cierto modo a que la expresión de mi mujer suavizase su gesto y acabamos la cena los tres en franca camaradería con risas y alborozo, ello contribuyó a que acabásemos desvelando a nuestro invitado el motivo principal de tan opípara cena a lo que él se deshizo en excusas y visajes diciendo que lo podía haber dicho antes y hubiese procurado por todos los medios llevarla un ramo de flores al menos, cosa que a mí me dejó más bien corrido pues no se me había ocurrido comprarle nada a mi querida esposa. Se le podían atribuir defectos a mi amigo pero no cabía duda que tenía un gran don de gentes y sabía tener la palabra adecuada a punto aunque a mi me parecía que se acercaba más bien un tanto a la adulación y a la lisonjería.

Terminada la cena, recogimos la mesa entre los tres, Jonás fue el primero en levantarse con los platos en la mano, y nos arellanamos en el sofá y los sillones a libar algunos licores para redondear la espléndida cena.

La velada transcurría así entre risas y haciendo un repaso a la gente del pueblo tanto a los que vivían como a los que ya habían fallecido. Tan rápido se nos pasó el tiempo sin mirar siquiera la hora que al pronto oímos la exclamación de nuestro amigo : ¡Ahí va!, si ya es la una de la madrugada, ahora sí que la he preparado buena, resulta que habíamos quedado con los compañeros del teatro en marcharnos a las doce de la noche en un microbús que teníamos contratado y mira qué panorama y a estas horas no sé si podré encontrar algún hotel en esta ciudad dado que además son fiestas y seguro que estará todo ocupado ¿qué puedo hacer?

Matilde y yo nos echamos una rápida y furtiva mirada en la que yo volví a notar el gesto de desagrado pero los dos callamos en principio a la vez que Jonás, con lo que los tres mantuvimos unos segundos de silencio sin saber qué hacer, si ofrecerle el cobijo para la noche y él con su silencio como empujándonos a que así lo hiciéramos ante una situación de necesidad.

Al fin yo, un tanto balbuciente dejé caer… bueno hombre por una noche no va a pasar nada, ¿no te parece Matilde?, a lo que ésta asintió con un ¡claro!, pero yo noté en su tono y en su cara que la solución no era en absoluto del agrado de ella. Salió de su silencio preguntando al amigo.

– Oye y a ti no te espera nadie ni tienes que telefonear para avisar que no vas esta noche.

– En absoluto, resulta que mi mujer está de viaje por negocios y estará fuera toda la semana, tampoco tenemos hijos, igual que vosotros y no solemos telefonearnos mucho en circunstancias parecidas, así que por ese lado, tranquilidad, os agradezco mucho vuestra hospitalidad, claro que yo hubiera hecho lo mismo en una situación similar, no os quepa duda.

– No nos cabe Jonás pero ya es tiempo que nos hables de ti y de tu mujer y a qué os dedicais y cómo vivís, etc.

– Pues mira, mi mujer posee y dirije una Consultora con varios departamentos, con personal adecuado para cada uno de ellos, abogados, arquitectos, ingenieros, etc que se dedican a todo tipo de inversiones, obras públicas, licitaciones, consulting, y alguna cosa más, y yo “trapicheo”, digámoslo así con importaciones y exportaciones.

– Caramba parece una buena situación, luego me decìas a mí que había dado un buen braguetazo pero tú no te quedas atrás precisamente, sumado lo que tú puedas aportar, supongo que disfrutaréis de una buena posición económica.

– Bueno, luego no es tanto, con lo que se lleva Hacienda ya es un buen pico, la verdad es que yo no sé nada de la economía familiar, como ella es la profesional pues yo no tengo ni idea de nuestro estado. Si sé que ella se gasta un pico en ropa, acude a varios desfiles de moda y le encantan los actos de sociedad a donde se va a presumir del último modelito que la ha hecho el modisto X. A mi me gustan las cosas más promiscuas como hacer teatro de aficionado como ya sabes, también el fútbol y las carreras de motos.

Con todo esto se llegó la hora de acostarnos, le indicamos la habitación de invitados que usa mi suegra cuando viene a visitarnos y quedó encantado porque tenía televisión y nos dijo que él tenía costumbre de dormirse muy tarde y así estaría entretenido hasta que le llegase el sueño.

(Continuará)