Bartolomé Robert, el genio nazi que creyó encontrar la supremacía racial catalana

>> Ramón y Cajal no estaba de acuerdo con él, aunque le tenía afecto quizá por su tozudez

Bartolomé Robert, el genio nazi que creyó encontrar la supremacía racial catalana

Bartolomé Robert, prenazi. (Foto Wikimedia)

Bartolomé Robert, que era un catalán más bien de Bilbao porque había nacido donde la había dado la gana, concretamente en México y uno de sus progenitores era vasco, fue alcalde de Barcelona y médico. Se atribuyó un estudio en el que creía haber descubierto la superioridad racial catalana por el volumen del cráneo y aseguró, aunque ya nunca lo pudo argumentar en público por el escándalo generado con su primera intervención, que mentalmente el catalán también era superior al resto de españoles.

Santiago Ramón y Cajal, que era amigo y colega suyo, escribió en sus memorias sobre las teorías del personaje que la opinión de Robert era “desinteresada, pues además de gozar de un cráneo exiguo, aunque bien amueblado, había nacido en Méjico y ostentaba un apellido francés”.

Robert, que igual sin saberlo inciaba el camino que luego abordó con tanto entusiasmo el nacionalsocialismo alemán, ha trascendido en los partidos nazionalistas catalanes contemporáneos, donde tanto cariño se destila por los españoles que no lo son -nazionalistas, nos referimos-, ya sean catalanes, castellanos, andaluces o de cualquier otro rincón de España. Es ese cariño condescendiente que se presta a los niños y a todos aquellos que consideran por debajo de su preparación e inteligencia.

La ciencia tiene de antiguo demostrado que tener la cabeza gorda no es síntoma de mayor inteligencia, aunque sería lógico pensar que quien tiene más capacidad para albergar masa cerebral debería demostrar más altas capacidades cognitivas. Sin embargo, podemos acudir a la observación de diversos casos que demuestran lo contrario. El señor Tardá, por ejemplo, es poseedor de una chilostra de dimensiones regulares y por lo que dice y hace nadie podrá decir que su inteligencia es superior a la de su compañero Rufián, que tampoco la tiene mermada aunque sí infrautilizada.

Lo cierto es que hay una corriente creciente en creer al señor Robert. A día de hoy casi nadie discute que algunos catalanes de nacimiento o afincados son verdadermaente más cabezones que la mayor parte de los españoles, excepción hecha de los seguidores y correligionarios del señor Urkullo.

Si el lector quiere saber todo sobre el teórico nazi catalán no se pierdan este artículo de Manuel Ansede en El País.