A la izquierda, como a las señoras de los años 50, no les gustan las minifaldas

>> La lían porque al concejal Arturo Castillo se le ocurrió una metáfora y en vez decir que las intervenciones de los políticos deben ser cortas, como sus miras, las comparó con una falda.

A la izquierda, como a las señoras de los años 50, no les gustan las minifaldas

Dirigentes del PSOE y de CC.OO. han insultado a un concejal del PP por decir que las intervenciones de los políticos deben ser cortas “como las minifaldas, cuanto más cortas, mejor”. O sea, que a los del PSOE y CC.OO. no les gustan las faldas cortas, porque, por supuesto, no podemos pensar que a un progresista sólo le desagrade la alusión y esté a favor del hecho. Eso sería estar contra la libertad de expresión más básica.

Para una vez que un político dice algo razonable como que las intervenciones de los de su clase sean breves, el patio escolar en que se ha convertido la política rural de España por la superficialidad de sus protagonistas, se alborota. Lo cuenta muy bien El Digital de Castilla-La Mancha: “A los socialistas no les ha gustado la alusión a la minifalda que hizo el concejal de Talavera Arturo Castillo en la festividad de las hogueras de San Juan. Por el ejemplo, el secretario local del PSOE en Lominchar, Javier Payo, ha mostrado su rechazo al edil talaverano a través de Facebook”, donde le llama tardofranquista y añade que “esto es una clara muestra de comportamiento retrógrado y atemporal heredado de doctrinas pasadas”.

Más arrea y llega al insulto tabernario el secretario de Comisiones Obreras en Toledo, José Luis Arroyo: “Además de mentiroso, machista: ¿Cómo se puede hacer un discurso político hablando de la longitud de las minifaldas que tienen que llevar las mujeres? El concejal de empleo de Talavera (PP), Arturo Castillo, no puede estar ni un día más de concejal, ya que su manera de referirse a los parados o las mujeres es más propia de un cazurro tardofranquista que de un concejal democrático”.

Si el debate sigue por estos páramos intelectuales, presumiblemente lo próximo del posmodernismo progresista será exigir a la gente que vaya hasta la playa o el borde la piscina cubierto con un albornoz, para que los señores Payo y Arroyo no se sientan ofendidos.

Si la hubiesen conocido, se hubiesen puesto hechos un basilisco con el autor de la siguiente frase: “Las mujeres en la iglesia no deben mirar más hombre que al oficiante, y a ése porque tiene faldas. Volver la cabeza es buscar la pana”.